psoriasis

Entender la Psoriasis

La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel inflamatoria y proliferativa. Sus lesiones más características consisten en placas de bordes bien delimitados, eritematosas (rojizas e inflamadas) y cubiertas de escamas.  Estas placas suelen presentarse particularmente en las zonas extensoras de las extremidades y en el cuero cabelludo. Cualquier persona puede tener psoriasis independientemente del sexo o la edad.

Por ser una patología que afecta a la piel de forma visible, suele tener importantes consecuencias psicológicas en los pacientes. En Europa, entre un 1.5 y un 3 % de la población padece este enfermedad. Tiene mayor incidencia en personas con antecedentes familiares. Existen factores que pueden empeorar la enfermedad como el estrés, los cambios climáticos, el uso de determinados medicamentos o algunas infecciones bacterianas. No es una enfermedad contagiosa, por lo que no hay que restringir el contacto físico con personas que la padezcan incluso podemos compartir piscina, toalla o comida con total normalidad.

Todavía no existe cura para esta enfermedad pero se puede mantener controlada con el tratamiento adecuado. Existen varios tipos de psoriasis, según su forma de presentación. La forma más común es la psoriasis vulgar o en placas, pero existen otras que detallamos a continuación: psoriasis guttata o en gotas, psoriasis invertida o flexural, psoriasis  eritrodérmica y psoriasis pustulosa.

 

  • Psoriasis vulgar o en placas: aparece como una placa escamosa, elevada, roja y bien demarcada. El tamaño de las lesiones puede variar desde unos milímetros a varios centrímetros. Las placas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, aunque se presenta con más frecuencia en codos, rodillas, cuero cabelludo y zona sacra.

 

  • Psoriasis guttata o en gotas: es frecuente en niños y adultos jóvenes. Suele aparecer tras una infección de vías respiratorias altas. Las lesiones son pequeñas y se dispersan por todo el cuerpo. Los pacientes suelen sentirse muy molestos durante la erupción de las lesiones. Aunque el brote desaparece en unos meses, en ocasiones puede sucederse con una placa crónica.

 

  • Psoriasis invertida o flexural:  se desarrolla en forma de placas eritematosas en zona de pliegues (mamas, axilas, ingles, etc). Se produce escala o nula descamación ya que es inhibida por el sudor. Puede resultar de difícil diagnóstico por la ausencia de otras lesiones típicas y se pueden confundir con alteraciones micóticas (producidas por hongos).

 

  • Psoriasis eritrodérmica:  la totalidad de la superficie cutánea se encuentra afectada. La piel  presenta una coloración rojo brillante y se produce descamación superficial. El paciente puede encontrarse en una situación delicada ya que la piel deja de ejercer su función. Este cuadro puede llevar asociadas importantes alteraciones en la temperatura corporal y la pérdida de fluidos. En ocasiones puede requerir hospitalización.

 

  • Psoriasis pustulosa: la psoriasis pustulosa generalizada es extremadamente severa y afortunadamente rara. Las lesiones en este tipo de patología son pústulas que se dispersan en extensiones inflamadas y enrojecidas de la piel. La psoriasis pustulosa palmo-plantar es menos grave pero más incapacitante para el paciente. Las pústulas en manos y pies dificultan en muchas ocasiones el uso de las manos y la deambulación.

 

¿Cuáles son los tratamientos de la psoriasis?

Farmacológicamente se pueden seguir diferentes caminos, según la gravedad y la respuesta del paciente. Entre otros, podemos destacar los corticoides de alta potencia continuos o discontinuos aplicados de forma tópica, derivados de la vitamina A y D, queratolíticos, metotrexato, ciclosporina, acitretino y terapias biológicas. También podemos emplear la Fototerapia: la luz ultravioleta natural y artificial se utiliza para tratar la psoriasis con muy buenos resultados. Es una estrategia terapéutica mínimamente invasiva.

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