Las lesiones en el pie pueden volverse muy dolorosas

El láser también es una solución para nuestros pies

La salud es una cuestión de todo el cuerpo. Acostumbrados a preocuparnos más por las dolencias o lesiones visibles, como las del rostro, muchas veces no prestamos la debida atención a otras que, por estar más ocultas, consideramos que «ya se irán».

Es el caso de los pies. Planta, empeine y talón son nuestro primer apoyo con el mundo que nos rodea. La presión y la fricción que provoca el calzado, el caminar o incluso el mismo roce de dos dedos, puede provocar lesiones que, si bien son pequeñas, quizá lleguen a resultar enormemente molestas. Me refiero a los conocidos como callos, ojos de pollo o clavos plantares.

Son lesiones comunes (pueden ser consecuencia del trabajo, pero también de unos tacones nuevos o una noche de baile), pero dolorosas y que nos condicionan a un mal apoyo continuado de los pies.

¿Qué son?

Su nombre médico es heloma y se trata de una acumulación de capas de queratina en las zonas de roce y/o presión del pie. Es decir, el contacto de la superficie del pie con el zapato o incluso consigo mismo provoca que las capas muertas de la piel se acumulen. Al principio, el callo se forma a nivel superficial, endureciendo la epidermis y dando lugar a lo que también se conoce como «dureza». Sin embargo, y si no se soluciona, esta acumulación puede profundizar y llegar incluso a las capas más profundas de la piel o afectar a nuestras articulaciones.

¿Qué producen?

Este tipo de lesiones causan dolor cuando se ejerce presión sobre el pie, lo cual resulta prácticamente inevitable, por ejemplo, al caminar. Habitualmente se recurre al rascado de la lesión para mitigar sus consecuencias y aliviar las molestias, sin embargo esto no permite erradicar el clavo.

¿Cómo se tratan?

Está claro que el mejor tratamiento siempre será la prevención. No obstante, y una vez la lesión haya empeorado es conveniente recurrir a otros métodos. La técnica que utilizamos en Centro Dermatológico Estético consiste en la aplicación de un láser colorante pulsado V-Beam II que, sin ser quirúrgico, permite eliminar por completo el clavo y con la prevención adecuada evitaremos su reaparición.

Para que el tratamiento resulte efectivo es necesario llevar a cabo de una a tres sesiones. Conviene saber que, al principio del tratamiento, éste puede resultar molesto por el apoyo o roce de la lesión, pero esta situación se resuelve al cabo de unos diez días aproximadamente.

Por todo ello, el láser de colorante pulsado se revela como un método eficaz y seguro que además evita la cicatriz en la planta del pie, la cual resulta notablemente incómoda para andar.

Dra. Roge Navarro Belmonte

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